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Por Ángel Díaz Barriga
El pasado 4 al 6 de junio se llevó a cabo en Cartagena de Indias, Colombia la Conferencia Regional de Educación Superior (CREES), bajo auspicio del Instituto Internacional para la Educación Superior en América Latina y el Caribe (IESALC) de la UNESCO y del Ministerio de Educación de Colombia. La realización de esta conferencia responde, al loable interés que asumió la Directora del IESALC, para lograr que en la reunión bi-anual de la UNESCO de 2007, se aprobase la realización de una 2ª Conferencia Mundial de Educación Superior, evento a realizarse tentativamente en 2009. En este contexto conviene analizar algunos elementos que destacaron en esta conferencia, así como efectuar algunas comparaciones con la conferencia regional realizada en La Habana en 1996 para preguntarse hasta dónde la actual representa un avance para la región.
Debemos recordar que la conferencia mundial de 1998 se realizó en el contexto de impulsar un amplio debate regional, continental y mundial sobre la situación de la educación superior, en un contexto en el que el Banco Mundial había difundido y hegemonizado una serie de tesis y recomendaciones derivadas de la teoría del capital humano, en particular en su texto La educación superior. Lecciones de la experiencia (1995) en la que establecían afirmaciones como las siguientes: “el estado no debe invertir en educación superior”, “la inversión en educación superior es regresiva”, “los estudiantes deben pagar por aquella educación que están dispuestos a recibir”, etc. Todas ellas tenían el signo de buscar que no se dedicaran fondos públicos a los estudios de este nivel.
En este sentido, la UNESCO respondía con una movilización planetaria, en la que convocaba a que en cada región se realizará una Conferencia Regional con amplia participación de funcionarios de los ministerios de educación, rectores y directivos de universidades e instituciones de educación superior, investigadores, miembros de los órganos legislativos de cada país. Con una salvedad, si bien todos ellos podrían participar en las mesas de trabajo y en la presentación de ponencias libres, correspondía a los investigadores de todas las corrientes y de todos los grupos de pensamiento que destacaban en la región la elaboración de un documento base, de cerca de 40 cuartillas.
Esta es la primer sorpresa que causó la actual organización de la Conferencia Regional 2008, dos grupos se apoderaron de la conducción del evento excluyendo claramente la participación de investigadores de distintas instituciones, filiaciones y países. Y sólo dos países tuvieron cabida en la organización del mismo. Esto significó un abuso de conferencias magistrales, algunas de ellas sin ninguna relación directa con el tema del evento, en las que en el mejor de los casos se permitía una participación, tipo pregunta escrita, ante un espacio precario y restringido para la conformación de mesas de trabajo que permitieran conformar grupos de discusión y de análisis de diversas propuestas presentadas. En estricto sentido la conferencia se elitizó, unos pocos que no llegaban a más de 10 tenían la palabra para enunciar sus ideas, la mayoría, esto es más de 3500 participantes podían escuchar, tomar notas o hacer una pregunta por escrito. Fue en expresión de varios participantes una conferencia del silencio, una conferencia donde intencionalmente se silenciaron miles de voces de la región.
Una segunda característica muy vinculada con la anterior fue la ausencia de especialistas e investigadores en educación. Después de 12 años, tomando como punto de referencia La Habana 1996, podemos reconocer que los grupos que hacen investigación profesional sobre el campo de la educación superior se han incrementado, han asumido muy distintas posiciones, han publicado investigaciones consistentes y sólidas sobre muy diversos temas del campo: financiamiento, gestión, gobernabilidad (governance), acceso y equidad del sistema, diversificación, evaluación institucional, acreditación de programas, evaluación de académicos y de estudiantes. En el mejor de los casos a una treintena de ellos se le pidió alguna colaboración para integrarla de una manera apresurada en textos –alguno de los cuáles contienen trabajos de dudosa calidad- que se editaron en el contexto de la conferencia. La mayoría sencillamente fue ignorada.
No hubo caras nuevas, nuevos investigadores, una generación de doctores de cuarenta y cincuenta años que ha empezado a posicionarse en la región sobre el tema, tampoco hubo cara de los consolidados, de quiénes han hecho escuela de pensamiento en la región, de quiénes sostienen posiciones encontradas, porque América Latina es un mosaico de ideas, de propuestas, de escuelas de pensamiento. Nada de ello se presentó, al contrario el signo de la conferencia lamentablemente fue unos cuantos pueden hablar y expresar los problemas de la región. Todos los demás deben escuchar.
Quizá esto explique, no sólo lo largo del texto (la cantidad de palabras) de la declaración final de la conferencia, sino la falta de ideas nuevas, de enfoques múltiples, de reconocimiento de las tensiones que sobre cada tema subyacen en la región. Mientras en los pasillos los académicos comentaban sobre las dificultades que experimentan los sistemas de acreditación de programas, las presiones absurdas que a partir de ellos se generan en sus países, incluso los graves errores y desaciertos que se cometen bajo las prácticas de la acreditación, quiénes tenían el poder de redactar la declaración establecían que la evaluación y acreditación está consolidada en la región.
El documento con el que concluye la conferencia fue redactado por dos grupos: uno en donde se mezclaban las manos de académicos de sud-américa con funcionarios de la UNESCO París, un segundo con manos de quiénes se apropiaron de la conferencia. Un documento elaborado en paralelo y al margen de la conferencia. Lo cual no necesariamente es el problema, en la reunión de Ministros de Educación de Jamaica de 1996, el proyecto de Declaración se entregó a los Ministros el primer día de la conferencia y fue objeto de análisis en los días de la misma. El problema de esta elaboración en paralelo significa que cada grupo cuidó e incorporó sus ideas, ideas que por más significativas que sean como destacar el sentido público de la educación superior, no pasaron por un trabajo real en la conferencia, ni reflejan las tensiones que sobre el tema aparecen en la región. Pero al mismo tiempo, les permitió incorporar temas que jamás fueron objeto de trabajo en la misma como el establecimiento de Encuentro Latinoamericano de Educación Superior (ENLACES), en comentario de uno de los redactores de Paris, como una respuesta de América Latina al espacio europeo de educación superior. Respuesta que puede ser loable, no lo sé, pero tengo mis dudas, pero que indudablemente no formó parte de la conferencia, a menos que se considere que las observaciones sobre un Espacio Latinoamericano de Educación Superior fueron traducidas por los redactores al concepto de ENLACES.
Lo grave de esta situación, en mi opinión, es que esta conferencia representa una nueva cara de la UNESCO, en la forma de trabajar el IESALC asumió el papel que tanto tiempo criticó al Banco Mundial. El Banco se ha caracterizado por confiar sus documentos a un grupo muy pequeño de especialistas, en general economistas, quiénes hacen un pequeño (y en general deficiente) sondeo del problema en la región y elaboran un informe donde destacan problemas y propuestas de solución. Múltiples textos tienen este signo, recordemos “La educación superior en América Latina Cuestiones sobre eficiencia y equidad” (Winkler, 1994) el ya citado de Lecciones de la experiencia (1995), o el que elaboró el Banco para dar respuesta al Congreso Mundial de 1998 “La educación superior en los países en desarrollo. Peligros y promesas (2000). En la reunión que organizó el IESALC con el grupo de seguimiento de la Conferencia Mundial de Educación en el año 2001, en la Universidad de La Plata (Argentina) en su ponencia, el profesor Helgio Trinidade enunció que mientras varios analistas afirmaban que en este último documento el Banco Mundial rectificaba las ideas que había sostenido previamente, en el fondo el documento Peligros y Promesas era una ratificación de un mecanismo de trabajo del Banco Mundial: trabajar con un grupo reducido de expertos en vez de dar la voz a los que estudian el tema de la educación superior.
Esa es la lamentable lección que deja la Conferencia Regional de Educación Superior 2008, una conferencia sin nuevas ideas, una conferencia de la que se apropiaron dos grupos, una conferencia de exclusión de los investigadores y de exclusión de la diversidad y riqueza del pensamiento latinoamericano, una conferencia de falta de ideas nuevas, frescas y creativas. Mala señal, sobre el futuro de la Conferencia Mundial de Educación 2009.
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